21 de octubre de 2009
Otoño de cambios
A lo largo de estos últimos 10 meses se han ido colocando piezas nuevas en mi vida para disponer mi universo de manera diferente. Otras, simplemente se han disuelto.
Echo de menos a Manoli, echo de menos a mis amigas con las que apenas hablo por las malditas responsabilidades. Echo de menos las tardes calurosas en el Viapol con Blanca. Echo de menos aburrirme. Echo de menos estar rodeada de mucha gente. Echo de menos las noches de juerga con mis amigos. Me hago muy adulta a la velocidad del rayo.
Sin embargo, ahora tengo mi propia empresa y he aprendido a distinguir quién me quiere de verdad. Ahora valoro más todavía algunas pequeñas cosas y adoro la sensación de no tener que quedar por obligación. Mis tardes de yoga me confortan más que nunca. Ahora me siento más amada.
Ahora me toca tomar decisiones, decisiones importantes que pueden transformar muchas cosas. Me da vértigo, mis decisiones afectarán a más personas pero sé que tengo que afrontarlas. Atrincherarme en mi almohada y pensar ya lo decidiré no es una opción. Ahora tengo que pensar por dos. YA no es sólo lo que yo quiero y me gusta tener que ceder mi preciado terreno.
Tal vez, como dice Ingrid, he cambiado y lo curioso es que ha sido un proceso natural.
Pienso en el 2010 y lo veo lleno de incertidumbres, pero creo que tome el camino que tome es hora de tomar las riendas de mi vida fuera de mi confortable huevo.
22 de septiembre de 2009
El chico del polo verde
Hizo su entrada despacito, poco a poco, con tenacidad, como él suele hacer. Preguntó si podía venir a verme y ya no dejó de hacerlo.
Dicen que hay trenes que pasan sólo una vez en la vida. El tren en el que llevo montada hace ya dos años no tiene un destino concreto, me desliza por caminos nuevos repletos de vida. Quizás el fin sea exclusivamente ir subida en ese tren y seguir viajando por las vías de la ilusión. Lo cierto es que espero que mi tren no llegue a su última estación en toda la vida.
8 de agosto de 2009
VILLA MATILDE
Mi corazón comenzaba a latir ligero y en mi preciado equipaje, una bolsa llena con una selección de juguetes –los más queridos, los imprescindibles en unas vacaciones de playa- saltaban al mismo tiempo, los muñecos se impacientan. Mis barbies y barriguitas esperaban ansiosas el momento de poder habitar entre los árboles, aquellos dos paraísos; y los playmobils no veían la hora de poder bañarse en la pila de lavado. Todo cobraba vida en Villa Matilde.
Quizás no fuera así exactamente y las piezas que encajan el puzle que ahora mismo dibujo pertenezcan a diferentes momentos de un día cualquiera, de un verano de la década de los 80. Pero veo lo siguiente:
Pepito y Tamara, están sentados en la rampita de la entrada. Ha habido suerte, nadie ha metido el coche en el patio, han puesto a los playmobils a pescar en el hilito de agua que surcaba tras los manguerazos para refrescar el suelo, pero han previsto la llegada de los míos, le han dejado un huequito y no han cazado todas las hojas. Esperan pacientemente el momento de ir a la playa flotador en mano.
Al fondo Pili persigue a Martita, debe cambiarle los pañales pero la pequeña deleita al público disfrutando de su autonomía de movimientos. Teba las mira sonriente, aunque ella está pensando en el diálogo del teatrillo de esta noche. Ése que tanta gracia les hace a los abuelos. El abuelo la observa al tiempo que lee el periódico y se pregunta a qué hora llegaremos.
Un poco más adentro Gonzalo prepara la tabla de surf para sacarla, parece que corre viento. Los mástiles de sus tablas, de colores, son una viga más de la casa, siempre soportando el peso del techo. Matuca termina de arreglarse, hoy no ha podido entrar de las primeras al baño. Justo en la habitación de al lado, la abuelita golpea en la puerta de Rocío que continúa durmiendo, definitivamente no va a bajar a bañarse.
Pepe va y viene al coche, aparcado enfrente, guardando en el maletero las bolsas de la playa, las pelotas, los manguitos, la piscinita, y esos cubitos, rastrillos y palas con los que construye unos castillos fascinantes.
Recuerdo a mi madre y a mis tías guapas, muy guapas, con la belleza que dan la maternidad, la felicidad y los treinta y tantos. Y a mi padre y a mis titos fuertes, juguetones siempre dispuestos a hacer algo para divertirnos.
Ya hemos llegado. Puedo oler a crema nivea, siento rayitos de sol en la cara, el beso caliente de la abuela y su siempre cálido abrazo. Es hermosa y está impecable con su turbante y zapatillas de esparto con plataforma. Las manitas de Tamara y Pepito tiran de mí y me arrancan de todo saludo. Estoy corriendo, grito, me río. Delante me quedan muchas semanas de juego.
Coronando mi puzle un cartel: Villa Matilde.
Lloré mucho cuando la derribaron y sé que con su destrucción una parte de mi historia, probablemente de mi familia, murió. Aquellas paredes blancas atesoraban muchos días de felicidad, de convivencia, de veranos en los que aprendes a vivir.
A pesar del tiempo, hay días en los que al despertar sigo teniendo la sensación de estar en mi pequeña camita de hierro burdeos.
26 de julio de 2009
Comiendo croquetas
Manoli es sencillamente especial, una todoterreno del periodismo, un espíritu inquieto, inconformista, con ganas constantes de crecer y evolucionar. Con Manoli puedes llorar y reírte, y salir de marcha, e ir de compras, y hablar de filosofía, del último libro que estás leyendo, o de las barriguitas (las de verdad o las muñecas) Debajo de una sombrilla cuya sombra se alarga hasta la noche o en un sofá mullido, en un seat o en la cinta del gimnasio, en una discoteca o en un avión, en Londres o en Barbate. A todas horas, cualquier día, en un lugar cualquiera del mundo, las conversaciones con Manoli nunca se acaban.
Miles de planes cambiados y reestructurados, algunos ciertos y otros soñados. Pero ahora si que llegó la decisión. Se marcha a Madrid y nos deja un poco huérfanos. Odio tanto la distancia. Otra parte de mi corazón lejos. Me siento ya un poco más sola, con menos ganas de enredar.
19 de junio de 2009
LLUVIA

La lluvia aprieta y él se ríe del tremendo aguacero. Se acuerda de la primera vez que vino a verme; nos quedamos solos bajo un techo esperando que cesara de llover, pero el agua no terminaba, parecía empeñada en que él y yo siguiéramos allí, refugiados uno frente al otro. Corrimos mucho hasta la zona de bares, yo maldecía a los que se habían ido, estaba asustada, me sentía desprotegida, temerosa y confundida por lo que estaba sintiendo. Y él buscaba mi boca incesantemente en la oscuridad de la música. Lo dejé con la miel en los labios.
Pero la lluvia se divirtió mucho aquella noche con nosotros y propició que después vinieran incontables días de dulce tormenta.
Me entretengo escuchando la inverosímil sinfonía del agua percusionando los cristales y la chapa del coche. Noto que me mira por el rabillo del ojo, cuanto más fuerte llueve más siento que me quiere.
7 de junio de 2009
No hay marcha en New York
Alguien hizo, para variar, un comentario entre gracioso y educativo sobre lo mucho que había comido y lo gorda que estaba para sus 9 años. Entonces esos comentarios para ella significaban ponerse un poco colorada y sentir que le reñían, pero no era consciente del pozo de daño que iba formándose en su interior, lento pero profundo. A lo largo de los años, llegó a sentir pánico incluso de comer al lado de algunas personas.
Tenía sueño, las vacaciones en la playa eran intensas maratones de juegos acuáticos y sesiones en el jardín de la casa. Se había levantado un poco de frío.
Los primos mayores aprovecharon esa brisa fría como excusa para levantarse e irse a la casa. Pusieron música, Mecano, “No hay marcha en New York y los jamones son de york…” bailaban dando vueltas a la mesa del comedor. Retiraron las sillas de madera, esas sillas que venían de la casa de los bisabuelos, para tener más espacio.
Los tres primos giraban y se reían. El mayor de todos llevaba un peto vaquero con tirantes. Le gustaba ponerse camisetas coloridas y usaba zapatillas tipo converse. Tenía la voz un poco de pito, el pelo rizado, un aire exótico que la mezcla de razas le regaló, y ciertos gestos femeninos, que ahora podía ella interpretar perfectamente. Bailaba muy bien, todos lo comentaban.
Las primas grandes lo seguían como hipnotizadas por su ritmo. Durante todo el verano venía observando cómo lo miraban y acataban sus ideas. Las atraía como un imán. Un suspiro por allí, un suspiro por allá, y mucho salir de paseo los tres juntos.
Los contemplaba e intentaba imaginarse cómo sería cuando tuviera esa edad. A los 9 años la adolescencia se presenta como un terreno pantanoso del que se espera mucho. Pensar en que llegar a tener esa veneración hacia nadie le daba repelús.
Las dos primas pequeñas seguían en la esquina envidiando sus risas hasta que uno de ellos los invitó a participar del baile.
Comenzaron ellas también a dar vueltas al ritmo de Mecano. En el exterior se escuchaba a los padres hablando de política. La risa se apoderó de las pequeñas. Sentía como si estuviera en una nube, se movía enérgicamente. Alguien le dijo que bailaba bien, fue una de las primeras veces que sintió que destacaba en algo. Casi nunca le hacían comentarios bonitos, más allá de su volumen. Pero sobretodo sintió que la música levantaba algo en ella.
Que te comen el coco con los telefilmes
10 de mayo de 2009
Tiempo congelado
20 de abril de 2009
Recuérdame
Recuérdame miedo, si vuelves a mis sueños; que fue él quien te apartó de mi mente y me dio valentía.
Recuérdame rencor, si te instalas en mi corazón; que supo espararme y desearme con todos mis claro-ocuros.
Recuérdame incomprensión, si te asomas a mi pecho; que aceptó una por una todas mis complicadas leyes.
Recuérdame desecuentro, si se te antoja rondarme; las horas de sueño y móvil que empleó en curarme y espantar mis terrores.
Tú distancia, amiga no deseada que me acompañas todas mis 24 horas; no susurres, tengo los oídos cerrados a tus comentarios. Grábatelo a fuego lento él me enseñó el significado del verbo amar y nada tiene que ver con sacrificio y renuncia; pero con entender y compartir.
7 de abril de 2009
Ahora que te tengo enfrente
Me he repetido miles de veces por qué tuve que hacerte daño, por qué no supe entender a tiempo que eres un alma libre y soñadora: eterna, de otro mundo.
Y aunque aquella decisión la tomé yo con la seguridad que te presta la ceguera de la incomprensión; el aroma a limón no me abandona y resuenan tus carcajadas y me ciega el brillo negro de tu mirada. Me atormentan: te precipitaste, te precipitaste…
Ahora te tengo aquí delante, no en sueños como acostumbro a verte cada noche en las que gasto mis energías intentando conquistar sombras que me hablan de aquella historia…
Te miro: eternidad, belleza, equilibrio, energía, FELICIDAD
Te miro y puedo vernos: juntos, de la mano, compartiendo.
¿Qué habría sido de nosotros si no te hubiera abandonado? Niños…días de playa…tardes de paseos en bici…
Te veo más hermosa, más bella que nunca, la luz que surge de tu interior es más cegadora y tu rostro, tu piel…más serenos…
Casi prefiero no mirarte, me serena tu visión pero me atormenta la duda y si…seríamos ahora tan dichosos…
No te atormentes más, todo habría terminado antes o después. Te abría dejado por él.
Brillo porque tu tristeza dejó de apagar mi luz
Soy eterna porque tus ataduras se rompieron para siempre y ahora vuelo sin retenciones
Desprendo energía porque volví a encontrarme, resurgí de las cenizas en las que me estabas convirtiendo.
Hallé de nuevo el equilibrio por el que siempre había caminado, sin miedo a caerme, tengo muchas redes que amortiguarán mis golpes. Siempre adelante, firme, cumpliendo sueños.
Soñar, eso que en tu vocabulario no existe y que a mi me alimenta.
FELICIDAD bendita palabra que retornó a mi vida. Si, ahora soy más feliz. Sin ti todo es más claro.
Estoy plena, estoy feliz, estoy enamorada, estoy pletórica y sobre todo ESTOY VIVA.
Gracias por sacarme de tu cementerio.
10 de marzo de 2009
A lo más hermoso
Vamos a surcar el océano a lomos de delfines, con nuestra manos agarradas, para que no te caigas, hasta encontrarnos con sirenas y dormiremos en camas hechas en arrecifes de coral.
Voy a eliminar el dolor y la desilusión, para que esos ojitos tuyos brillen siempre como ahora: puros, ilusionados, inocentes. Cualquier cosa para que tu sonrisa sea siempre como ahora. Todo por ti princesita.
Deseo que nadie te haga nunca daño y que tu tránsito por la vida sea eternamente dulce. Duele pensar que tengas que llorar, y sé que el sufrimiento te llegará antes o después. Cuando lleguen esos momentos, métete en nuestro mundo rosa.
Mientras, corre, chilla, salta, juega, ríe, vibra...sé feliz princesa como te estoy enseñando.
1 de marzo de 2009
Armas de destrucción
-Si, ya está la mesa entera
....
-¿Me pasas el agua por favor?
-Por supuesto
...
-Y en la oficina ¿os reunisteis con los inversores?
-No, ya te comenté que era el jueves
- Aaaa, me he confundido
-¿Y tu hermano?
-Bien, bien, parece que se recupera de la herida
...
-No te olvides de recoger mañana a Paula del conservatorio, tengo que ir al dentista por la tarde, y ya sabes que suele ir lenta la consulta.
-De acuerdo. ¿Sigue sin salirle la medida de la funda?
-Si tuvo que empezar de nuevo la pieza, y ya sabes que estas cosas van lentas
-Debería de pedirle un descuento, es la tercera vez que manda tallar esa funda y me dijistes que tiene que ponerte otra.
-Descuida se lo comentaré
...
- Por cierto, este domingo por la tarde seguramente iré a jugar tenis. No te causo problemas ¿verdad? De todas formas este domingo venía tu madre, estarás entretenida
-Ninguno.
Nuevamente el silencio, ninguno se mira. La nevera en la que se ha convertido su hogar baja un poco más el termostato. Están los dos dispersos. Ella tiene la mente puesta en su dentista, él en Amelia, la vecina de Óscar y Mary, con la que jugará tenis.
Sonido de platos en el fregadero, sonidos en los servicios, un buenas noches, se apagan las lamparitas de las mesillas de noche. La distancia de sus cuerpos no se puede medir, el avismo que reina en la mitad de la cama se hace más y más profundo.
En el tocador, reposa una foto de los dos abrazados de hace 15 años cuando viajaron a Palma. Las sonrisas de esa imagen y el brillo de los ojos se difumina con las partículas de polvo que cada día caen. Pero ninguno de los dos repara en ello.
22 de febrero de 2009
Mis amigos
Hay amigos que son como los jarabes cuando enfermábamos de pequeños, todo lo curan.
Esos amigos son tan parte de ti que llegan a doler más sus problemas que los tuyos propios; y sus alegrías son infinitamente mejores que las tuyas.
De esos amigos no hay muchos, se cuentan con los dedos de las manos. Pero sabes que con levantar un teléfono, ellos saben si estás bien o mal.
Son aquellos con los que cualquier plan es un planazo porque logran hacerlo especial. Aquellos con los que has hecho miles de veces los mismos viajes imaginarios.
Son los mismos que me cogen la mano cuando me siento derrotada. Los que vienen a buscarme para que no esté triste. Los que me escriben mails e intentan sacarme mis cuitas con sacacorchos porque yo soy -como los gatitos me enrosco cuando sufro- y a nadie le cuento; y pensar en su ausencia me enloquece.
Son los mismos que me besan y dan achuchones, que me recuerdan lo bueno que tengo, quién soy en realidad, que me hacen reír con sus pamplinas.
Mis amigos son también los que me necesitan y me mandan un SOS para que los anime.
Mis amigos, con los que tengo mil anécdotas. A los que les deseo la mayor de las suertes, los más especiales.
Mis amigos, los más lindos del mundo.
17 de febrero de 2009
Ventanera

Ella estaba destinada a vivir en una gran casa, a ser atendida por otros, a conservar su belleza etérea, a vestir las mejores galas. Debería levantarse cada mañana con el único objetivo de arreglarse, velar por sus hijos y salir a sus labores de caridad.
Pero la vida nunca es como debería.
Ella se asoma cada día a la ventana de su salón para asegurarse que más allá de las paredes de su casa hay vida, que el mundo continúa girando y que sólo su casa se ha paralizado. Respira, observa a los transeúntes y aprovecha los rayitos de sol. Piensa, bueno por la noche podré bajar la basura.
Riega sus cáctus, el otro recuerdo de vida que conserva en su casa, con esmero y espera ansiosa la llegada de sus hijos para recibir noticias alegres y frescas del exterior.
Se pierde imaginando fiestas y viajes imposibles a los que ya nunca irá; y a los que ya cada vez desea menos. Lo mira, se lamenta por él, por su inerte existencia; pero más se lamenta por ella, enterrada en vida con toda la fuerza y energía del mundo. Su madre, su marido, ¿y quién la cuidará a ella?
Vuelve a mirar por la ventana, se ríe acordándose de algo que vio en la tele la tarde anterior, la tele se ha convertido en su mejor amiga.
Una voz reclama su ayuda. Tiene esa voz metida en la cabeza, a todas horas lo escucha, aunque él duerma plácidamente. Él se consume y ella cada vez sonríe menos. Se acuerda de la madre superiora: Sacrificio, sacrificio…y da gracias a Dios por todo lo que tiene. Aunque sea esclava de una enfermedad que lentamente se los va llevando a los dos poco a poco.
El fresquito de la ventana refresca sus pensamientos: tengo que hacer el almuerzo…Y vuelve a su día, a su día de la marmota.
13 de febrero de 2009
Media Naranja


3 de febrero de 2009
Sé que era ella

Me senté en el patio delante de la fuente. Es un patio de estilo muy sevillano por la escalera se accede a la vivienda situada en un corredor alrededor del patio. Siempre me gustó imaginar cómo sería aquella casa-palacio antes de que la reconvirtieran en colegio.
Miré arriba y la vi.
Vi como Carmen se asomaba a tocar la campanita que pende de una de las ventanas del corredor. Tenía, como siempre, el pelo corto y llevaba el delantal. A través de sus gafas le brillaban los ojillos más que nunca y parecía contente. Estoy casi segura que no lo soñé, o tal vez si. Pero volví a verla tocar la campanita. Me pareció más joven de lo que la recordaba. Cerré los ojos sintiendo los rayos de sol que por el patio llegaban hasta mi rostro. Fueron unos segundos, y al abrirlos de nuevo, había desaparecido. Me pareció ver como si alguien se perdiera por el corredor. Sentí un impulso de gritar preguntando- ¿Carmen, eres tú?- pero deseché la idea.
Sé que era ella porque el patio y el corredor se llenaron de su presencia, ¡como admiro a la gente que tiene tanto carisma como para llenar las estancias y eclipsar a todos los demás!
Sé que era ella, nadie desprende la energía que era capaz de emitir.
Bueno quizás es que ese patio y ese edificio siempre continúan llevando su impronta, son una mimesis. La esencia de Carmen es imposible de borrar.
Cerré los ojos otra vez esperando volverla a ver.
Unos piecillos locos a la carrera me sacaron de mi trance. –¡Titaaaaa!
Una Carmen, dos cármenes…
Sé que era ella.
28 de enero de 2009
Úbeda no es opción en Semana Santa
Cada periodo vacacional supone una discusión para Cristóbal y para mí. ¿Úbeda o Sevilla? siempre la misma cuestión.
-Úbeda en Semana Santa no es opción- Así de tajantemente cerré mis negociaciones sobre nuestra relación.
-Puedes llegar a ser la persona más testaruda del mundo; pero si eso no es negociable, asumiré el reto.
Queda poco para la Cuaresma. A Cristóbal le divierte cuando le cuento por teléfono que mi padre y yo estamos enchufados al “pograma de semana santa”. Y se dio un lote de reír cuando le expliqué que mi hermana se pone unos cascos para escuchar aisladamente El Llamador; o que mis barbies y mis playmobils iban de estación de penitencia al cuarto de baño.
Lo que más le sorprendió fue el entrenamiento al que somete mi primo a su ya esposa previo al Domingo de Ramos para que no se canse durante toda la semana. Entrenamiento que él mismo a posteriori pudo comprobar que era necesario. Su mente de ciencias cuenta los kilómetros que recorre cada día. Y el tramo de Negritos en la entrada de mi casa creo que llega a ser impactante.
-Para el año que viene te hago hermano de Los Negritos- le digo; -¿No tendré que ponerme el capirucho?, ¿verdad?- Perdona, capirote, no capirucho-
Dice mi amigo Manolo que estará deprimido hasta el Miércoles de Ceniza, en el fondo creo que yo también. Ya va llegar el tiempo de salir a ver besamanos cada fin de semana.
-Pues este año como estamos los dos parados no nos perdemos ni uno. No hay excusa para estar cansados los domingos-
Pero ¿cómo le explicas al de Úbeda que el tiempo que dista del día de Reyes a ese miércoles, al sevillano los días se le hacen eternos? Y eso que allí la Semana Santa también es monumental; pero noooooooooooo, no es opción. Ya él mismo reconoce que lo nuestro -tiene algo que pellizca- la madre lo mira mal.
-Venga este año lo que hago es que no salgo de nazareno y me quedo contigo todos los días. Si quieres hasta me pongo la mantilla- Pero en el fondo lo digo con la boca pequeña, esperando su –No, no, no te preocupes. Ya quedo yo con Manolo-
Ahora cuando todo el mundo me dice que aproveche el paro para irme fuera a estudiar inglés unos meses. Yo me imagino estar lejos en esa fecha y es como si un rayo me partiera en dos. Me arrancarían los ojos. Por mucho que haya gente que no lo entiende, que te pregunta un año y otro ¿no te cansas de ver todos los años lo mismo? Pienso para mi ¿lo mismo? Si a mi me faltan horas para verlo todo. No entienden la emoción de reencotrarse con lo soñado, de tocar el cielo durante una semana, la sensibilidad de entender lo que cada instante nos dice y evoca. Y pienso para mis adentros, ¿lejos? Si lo único bueno de estar en el paro es pensar que para esa semana ¡tendré todo el tiempo de mi época de estudiante para salir en Semana Santa! Las aficiones de los amigos pueden dejarnos boquiabiertos
-Úbeda no es opción en Semana Santa- puedo ceder en muchas cosas, pero en eso…
14 de enero de 2009
Con energía
Palabras silenciadas
Se atormentaba al percatarse de que tantos años después seguía soñando con ella. Siempre el mismo mensaje. Podían cambiar sus indumentarias, el escenario, el motivo de la discusión pero sabía que apareciendo Úrsula otro final no tiene sentido. Úrsula la busca, urde mil artimañas para llevarla al límite y entonces ella salta: le grita, pide explicaciones y con el corazón a punto de estallar, una y otra vez le pregunta que por qué la martiriza, que por qué no la deja en paz, que por qué la persigue como una sombra.
Cierra los ojos, se toca el pecho. Sabe que todo lo que calló en aquella conversación nunca llevada a cabo en la que le dio la victoria, seguirá materializándose las noches de luna menguante.