De repente uno de los grandes sueños de mi vida se ha puesto a mis pies. Cada tarde me siento en la terraza del apartamento a almorzar y a trabajar mientras contemplo el mar. La Playa de Victoria se me presenta así con una luz otoñal que solamente los amantes del agua apreciamos. Las olas, serenas ellas, me acompañan en mis solitarias tardes y me arrullan por la noche para que concilie el sueño.
Poco a poco el apartamento se va adaptando a mí, o yo a él. Lo que el primer día me parecía tan extraño se empieza a tornar dulce, es el placer de lo que se sabe corto en el tiempo. Mis tardes se hacen más y más melancólicas. ¿Cuándo regresará? Bueno yo misma tengo un aire melancólico. Si, es un buen momento. Con el trabajo también estoy sufriendo el mismo proceso de adaptación. Me siento segura.
Me abrigo un poco para poder seguir disfrutando de la brisa, mientras termino algunos documentos. El color plata del agua va dando paso a la noche oscura. No me da miedo la noche en la playa, me da tranquilidad, me gusta contemplarla . Creo que me agrada más así que en verano. Estoy en otra esfera en mi mundo gaditano. Diferente, más yo, nuevo, espectante.
A veces creo que el Atlántico me habla, es como si me dijera –ven- y yo me imagino fundiéndome con esas parlanchinas olas que me atrapan y me llevan de un lado para otro. He llegado a la conclusión de que pertenezco al Atlántico. Ya lo he dicho varias veces, el día que deje de respirar quiero esparcirme por él, entonces si que me fundiré con él. Lo amo. AMOR, ¿cuándo volverá? Y me llegan recuerdos de tu hermano pequeño, besos a la orilla del Mediterráneo, proyectos, ¿promesas?
Hace frío para seguir en la terraza. A pesar de la soledad, estoy disfrutando de mi estancia en Cádiz, estoy disfrutando su extraña compañía. Cierro las ventanas. Dentro espero que suene el teléfono. Espero, siempre estoy esperando.
No este año no voy a hacerme propósitos para el 2011, lo que pase, pasará.
Suena el teléfono.
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5 de noviembre de 2010
20 de noviembre de 2007
¡Qué me gusta viajar!
La verdad es que voy a tener que ganar mucho dinero porque cada vez que pienso en todos los sitios que me gustaría conocer caigo en la cuenta de que rozo el umbral de la pobreza. En la oficina nos pasamos la vida mirando billetes para diferentes destinos, esperando a que lleguen las adoradas vacaciones... Para nada porque cuando no es por dinero, es por situaciones adversas, finalmente todo se complica.
Pero que me gusta recordar luego los viajes y mirar las fotos. ¡Qué gozada: Londres, París, Amsterdam...! Deberían de estar subvencionados por lo mucho que aportan personalmente. Pero como siempre hablamos, hay opciones económicas que satisfacen igual: las escapadas de fin de semana a sitios cerquita en los que ves cosas chulas, comes bien y desconectas.
En fin, ¡seguiremos mirando billetes y fotos! aquí dejo algunas de mis últimas escapadas.
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