17 de febrero de 2009

Ventanera


Debía haber sido una princesa, una mujer de la alta sociedad. Educada en los mejores colegios de monjas de la capital, fina y elegante, hermosa y pura. Era capaz de levantar los suspiros más profundos al pasar por el lado del género masculino. Tan deseada y ella volátil, ajena a las pasiones de la vida, con la mirada puesta en el espíritu. Esperando ayudar a los otros, anhelando el día en el que pudiera formar su propia familia.

Ella estaba destinada a vivir en una gran casa, a ser atendida por otros, a conservar su belleza etérea, a vestir las mejores galas. Debería levantarse cada mañana con el único objetivo de arreglarse, velar por sus hijos y salir a sus labores de caridad.

Pero la vida nunca es como debería.

Ella se asoma cada día a la ventana de su salón para asegurarse que más allá de las paredes de su casa hay vida, que el mundo continúa girando y que sólo su casa se ha paralizado. Respira, observa a los transeúntes y aprovecha los rayitos de sol. Piensa, bueno por la noche podré bajar la basura.

Riega sus cáctus, el otro recuerdo de vida que conserva en su casa, con esmero y espera ansiosa la llegada de sus hijos para recibir noticias alegres y frescas del exterior.

Se pierde imaginando fiestas y viajes imposibles a los que ya nunca irá; y a los que ya cada vez desea menos. Lo mira, se lamenta por él, por su inerte existencia; pero más se lamenta por ella, enterrada en vida con toda la fuerza y energía del mundo. Su madre, su marido, ¿y quién la cuidará a ella?

Vuelve a mirar por la ventana, se ríe acordándose de algo que vio en la tele la tarde anterior, la tele se ha convertido en su mejor amiga.

Una voz reclama su ayuda. Tiene esa voz metida en la cabeza, a todas horas lo escucha, aunque él duerma plácidamente. Él se consume y ella cada vez sonríe menos. Se acuerda de la madre superiora: Sacrificio, sacrificio…y da gracias a Dios por todo lo que tiene. Aunque sea esclava de una enfermedad que lentamente se los va llevando a los dos poco a poco.

El fresquito de la ventana refresca sus pensamientos: tengo que hacer el almuerzo…Y vuelve a su día, a su día de la marmota.

13 de febrero de 2009

Media Naranja




Con motivo de San Valentín quiero recuperar el mito de la Media Naranja que leí hace tiempo:




Contaban los griegos que existían cerca del Olimpo unos seres andróginos (masculinos y femeninos) y esféricos (no olvidemos el concepto de la esfera como perfección y pensemos por un momento también en el ying y el yang)




Estos seres vivían en la plenitud, estaban llenos de felicidad, hasta tal punto que despertaron la envidia de los dioses. Un día Zeus, fastiado por tanta alegría les mandó un rayo partiéndolos en dos. Cada parte, la masculina y la femenina, cayeron por separado y Zeus los condenó a pasar el resto de sus vidas buscando su otra mitad para volver a ser felices.




3 de febrero de 2009

Sé que era ella


El mediodía caía en el patio de mármol, era un sábado y no había nadie por la casa.
Me senté en el patio delante de la fuente. Es un patio de estilo muy sevillano por la escalera se accede a la vivienda situada en un corredor alrededor del patio. Siempre me gustó imaginar cómo sería aquella casa-palacio antes de que la reconvirtieran en colegio.

Miré arriba y la vi.

Vi como Carmen se asomaba a tocar la campanita que pende de una de las ventanas del corredor. Tenía, como siempre, el pelo corto y llevaba el delantal. A través de sus gafas le brillaban los ojillos más que nunca y parecía contente. Estoy casi segura que no lo soñé, o tal vez si. Pero volví a verla tocar la campanita. Me pareció más joven de lo que la recordaba. Cerré los ojos sintiendo los rayos de sol que por el patio llegaban hasta mi rostro. Fueron unos segundos, y al abrirlos de nuevo, había desaparecido. Me pareció ver como si alguien se perdiera por el corredor. Sentí un impulso de gritar preguntando- ¿Carmen, eres tú?- pero deseché la idea.

Sé que era ella porque el patio y el corredor se llenaron de su presencia, ¡como admiro a la gente que tiene tanto carisma como para llenar las estancias y eclipsar a todos los demás!

Sé que era ella, nadie desprende la energía que era capaz de emitir.

Bueno quizás es que ese patio y ese edificio siempre continúan llevando su impronta, son una mimesis. La esencia de Carmen es imposible de borrar.

Cerré los ojos otra vez esperando volverla a ver.

Unos piecillos locos a la carrera me sacaron de mi trance. –¡Titaaaaa!

Una Carmen, dos cármenes…

Sé que era ella.

28 de enero de 2009

Úbeda no es opción en Semana Santa

Cada periodo vacacional supone una discusión para Cristóbal y para mí. ¿Úbeda o Sevilla? siempre la misma cuestión.

-Úbeda en Semana Santa no es opción- Así de tajantemente cerré mis negociaciones sobre nuestra relación.
-Puedes llegar a ser la persona más testaruda del mundo; pero si eso no es negociable, asumiré el reto.

Queda poco para la Cuaresma. A Cristóbal le divierte cuando le cuento por teléfono que mi padre y yo estamos enchufados al “pograma de semana santa”. Y se dio un lote de reír cuando le expliqué que mi hermana se pone unos cascos para escuchar aisladamente El Llamador; o que mis barbies y mis playmobils iban de estación de penitencia al cuarto de baño.

Lo que más le sorprendió fue el entrenamiento al que somete mi primo a su ya esposa previo al Domingo de Ramos para que no se canse durante toda la semana. Entrenamiento que él mismo a posteriori pudo comprobar que era necesario. Su mente de ciencias cuenta los kilómetros que recorre cada día. Y el tramo de Negritos en la entrada de mi casa creo que llega a ser impactante.

-Para el año que viene te hago hermano de Los Negritos- le digo; -¿No tendré que ponerme el capirucho?, ¿verdad?- Perdona, capirote, no capirucho-

Dice mi amigo Manolo que estará deprimido hasta el Miércoles de Ceniza, en el fondo creo que yo también. Ya va llegar el tiempo de salir a ver besamanos cada fin de semana.

-Pues este año como estamos los dos parados no nos perdemos ni uno. No hay excusa para estar cansados los domingos-

Pero ¿cómo le explicas al de Úbeda que el tiempo que dista del día de Reyes a ese miércoles, al sevillano los días se le hacen eternos? Y eso que allí la Semana Santa también es monumental; pero noooooooooooo, no es opción. Ya él mismo reconoce que lo nuestro -tiene algo que pellizca- la madre lo mira mal.

-Venga este año lo que hago es que no salgo de nazareno y me quedo contigo todos los días. Si quieres hasta me pongo la mantilla- Pero en el fondo lo digo con la boca pequeña, esperando su –No, no, no te preocupes. Ya quedo yo con Manolo-

Ahora cuando todo el mundo me dice que aproveche el paro para irme fuera a estudiar inglés unos meses. Yo me imagino estar lejos en esa fecha y es como si un rayo me partiera en dos. Me arrancarían los ojos. Por mucho que haya gente que no lo entiende, que te pregunta un año y otro ¿no te cansas de ver todos los años lo mismo? Pienso para mi ¿lo mismo? Si a mi me faltan horas para verlo todo. No entienden la emoción de reencotrarse con lo soñado, de tocar el cielo durante una semana, la sensibilidad de entender lo que cada instante nos dice y evoca. Y pienso para mis adentros, ¿lejos? Si lo único bueno de estar en el paro es pensar que para esa semana ¡tendré todo el tiempo de mi época de estudiante para salir en Semana Santa! Las aficiones de los amigos pueden dejarnos boquiabiertos

-Úbeda no es opción en Semana Santa- puedo ceder en muchas cosas, pero en eso…

14 de enero de 2009

Con energía

He estado ausente pero he vuelto. He necesitado estas semanas para alimentarme y crear. He dejado atrás algunos miedos y prejuicios. Vuelvo a mi blog con ganas y sobretodo con mucho que contar…pasen y lean.

Palabras silenciadas

Se despertó afónica, con la voz cansada, se incorporó de la cama como si la almohada quemase. Tenía una sensación rara. Notó que estaba empapada en sudor y lágrimas -¿Un pesadilla? No, no, no un sueño raro- Bebió agua y volvió a echarse.

Se atormentaba al percatarse de que tantos años después seguía soñando con ella. Siempre el mismo mensaje. Podían cambiar sus indumentarias, el escenario, el motivo de la discusión pero sabía que apareciendo Úrsula otro final no tiene sentido. Úrsula la busca, urde mil artimañas para llevarla al límite y entonces ella salta: le grita, pide explicaciones y con el corazón a punto de estallar, una y otra vez le pregunta que por qué la martiriza, que por qué no la deja en paz, que por qué la persigue como una sombra.

Cierra los ojos, se toca el pecho. Sabe que todo lo que calló en aquella conversación nunca llevada a cabo en la que le dio la victoria, seguirá materializándose las noches de luna menguante.

3 de diciembre de 2008

Nueva etapa






























No sé qué será de mi a partir de ahora que paso a formar parte de las largas listas de parados. De momento me tomaré un respiro, he trabajo mucho en los últimos tres años, incluidos fines de semana y tardes eternas.

La crisis llega a todas partes y es lo que ocurre cuando trabajas en una multinacional: no tienes nombre, ni apellidos, ni historia personal y el que gestiona las cuentas no sabe lo que aportas o dejas de aportar a un equipo de trabajo; tú eres simplemente un código numérico, asociado a unos resultados y si tres meses seguidos bajan. Bye bye mi picolísima dama.

No me lo tomo como lo peor, le mundo no acaba en Ogilvy. No estoy triste. Es sólo un punto de inflexión, un punto y a parte. Pero cuesta digerir algunas cosa y más te lo dicen de sopetón. Miro al futuro es tiempo de hacer lo que las interminables jornadas laborales no me dejaban y de emprender proyectos apalacandos, esperando a tener tiempo.

Año nuevo, vida nueva más que nunca.

Mientras que dedido hacia dónde caminar. Me inspiro en momentos felices para tomar energía. Y aquí dejo algunos de ellos.

Estoy fuerte.