25 de abril de 2010

Strategias Asesoramiento

Aquí continúo con una jornada de trabajo, a la caza de un nuevo cliente y parece que va a salir. Me hubiera gustado grabar la reunión con ellos o con alguna de las empresas con las que trabajamos, pero ninguno estaba dispuesto. Así que he tenido que reguionizar la pieza.

21 de abril de 2010

Ésta soy yo



Aquí va mi presentación. Me ha costado sudores y lágrimas!!!!!! y además me que dado cuenta de que tengo muchísimo acento, pensé que no era tan acusado.

15 de enero de 2010

Patera


01.01.210. 00:25. Feliz Año. Mujerón. Cuerpazo. 625…
Él me recuerda aún con mis vestidos de niña pequeña atados a la cintura con lazada, en esa extraña edad en la que se tiene el espíritu de una cría pero el cuerpo de una mujer. Un cuerpo del que yo no tenía constancia, y a penas tuve hasta bien entrado los 20.
Sin embargo él ya me intuía, se sentaba a mi lado a ver los barquitos de la ría y me susurraba al oído -¿Ves los barcos? las barquitas están atadas con las barquitas, y los veleros grandes con los veleros grandes. Yo soy una barquita y tú un velero, cuando sea uno grande iré a buscarte a Sevilla y te traeré conmigo. Mientras, sigue estudiando princesa-
En su caja de recuerdos conserva mejor que yo misma: mis sueños de adolescente y de joven, mi verano como preuniversitaria, mi primer novio, largas llantinas provocadas por la desilusión … me escuchaba pacientemente cuando yo relataba una a una mis inquietudes mientras me hacía sombra en la playa para protegerme del sol.
Quizás sea la persona que mejor me conoce porque sigue buscando en mí a aquella niña de vestidos ñoños y con sus palabras consigue devolvérmela a mis brazos.
La última vez que hablamos fuiste capaz de reconocer que me veías mejor que nunca, aunque te costó confesarlo. Creo que te dio pena ver alejarse a la niña y acercarse a la mujer.

Quisiera haberte amado pero no se puede vivir en los sueños de las noches de verano.

Yo también te deseo un buen año.

21 de octubre de 2009

Otoño de cambios

Es tiempo de cambios en mi vida.

A lo largo de estos últimos 10 meses se han ido colocando piezas nuevas en mi vida para disponer mi universo de manera diferente. Otras, simplemente se han disuelto.

Echo de menos a Manoli, echo de menos a mis amigas con las que apenas hablo por las malditas responsabilidades. Echo de menos las tardes calurosas en el Viapol con Blanca. Echo de menos aburrirme. Echo de menos estar rodeada de mucha gente. Echo de menos las noches de juerga con mis amigos. Me hago muy adulta a la velocidad del rayo.

Sin embargo, ahora tengo mi propia empresa y he aprendido a distinguir quién me quiere de verdad. Ahora valoro más todavía algunas pequeñas cosas y adoro la sensación de no tener que quedar por obligación. Mis tardes de yoga me confortan más que nunca. Ahora me siento más amada.

Ahora me toca tomar decisiones, decisiones importantes que pueden transformar muchas cosas. Me da vértigo, mis decisiones afectarán a más personas pero sé que tengo que afrontarlas. Atrincherarme en mi almohada y pensar ya lo decidiré no es una opción. Ahora tengo que pensar por dos. YA no es sólo lo que yo quiero y me gusta tener que ceder mi preciado terreno.

Tal vez, como dice Ingrid, he cambiado y lo curioso es que ha sido un proceso natural.

Pienso en el 2010 y lo veo lleno de incertidumbres, pero creo que tome el camino que tome es hora de tomar las riendas de mi vida fuera de mi confortable huevo.

22 de septiembre de 2009

El chico del polo verde

El día menos pensado, en el momento más inesperado... el destino te tiene preparadas sorpresas agradables que cambian tu vida para siempre. Aférrate a ellas porque no abundan.

Hizo su entrada despacito, poco a poco, con tenacidad, como él suele hacer. Preguntó si podía venir a verme y ya no dejó de hacerlo.

Dicen que hay trenes que pasan sólo una vez en la vida. El tren en el que llevo montada hace ya dos años no tiene un destino concreto, me desliza por caminos nuevos repletos de vida. Quizás el fin sea exclusivamente ir subida en ese tren y seguir viajando por las vías de la ilusión. Lo cierto es que espero que mi tren no llegue a su última estación en toda la vida.