20 de mayo de 2008

Volví a sentir la luz



El fin de semana pasado se celebró en Sevilla y en otra muchas otras ciudades el Día de los Museos. Volví a entrar en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, la segunda pinacoteca de España. Hacía 10 años que no lo pisaba, desde que estaba en COU. Ya de por si el edificio, un anitugo convento de frailes, es encantador, pero reencontrarme con la colección de cuadros que allí se guarda fue conmovedor. Nos acompañó una guía que hizo un recorrido, bastante breve todo hay que decirlo, por la historia del tratamiento de la luz en la pintura sevillana. Y cuando estaba allí escuchando lo que explicaba recuperé la emoción que me provocaba estudiar historia del arte. Recordé cómo me gustaba saber las características de cada época, de cada artista, comprender los lazos de las diferentes artes con su momento histórico. Me sentí bien de desempolvar datos que en un momento de mi vida grabé en mi mente y en mi espíritu. Volví a ver los cuadros de Murillo, los de Gonzalo Bilbao (gran olvidado del impresionismo) los de Valdés Leal y miles de resortes se pusieron de nuevo en marcha en mis pensamientos. Me sentí muy bien, sentí los beneficios del arte y recordé en este mundo donde lo vulgar y lo ordinario triunfa a todas horas, que existe gente con la capacidad de crear belleza, conmoción, de sacudirnos el pensamiento y el espíritu.


Así que al día siguiente me fui a uno de los libros que conservo de COU, que no había vuelto a abrir desde selectividad y contemplé alguna láminas; volví a ver la luz en ellas

8 de mayo de 2008

El Tiempo

El tiempo dime lo que me ha hecho el tiempo...

Este mes he entrevistado a una periodista de Canal Sur Televisión que me ha hablado de algo que yo misma me digo muchas veces. A esta mujer se le murió un hijo con sietes meses de edad en un accidente de tráfico y donó todos sus órganos. Ahora, además de hacer tele, dedica su vida a ayudar a otras personas a superar momentos difíciles, como la pérdida de un familiar.

El caso es que esta mujer me decía que todo en la vida tiene un sentido y que nada pasa por que si. Seguro que eso lo hemos pensado más de uno, pero ella añade a ese pensamiento algo que poca gente ve y que yo cada vez encuentro más evidente (me hago mayor está claro)Nadie nos educa para asumir los fracasos, la desgracia y la muerte; y no nos damos cuenta de que cada tropiezo que nos encontramos en el camino debemos de tomarlo como un aprendizaje. Todo colabora en hacernos crecer como personas y si no somos capaces de percibir ese crecimiento no estaremos viviendo la vida.

Es cierto, el tiempo lo cura todo. Bueno hay experiencias que se te quedan en la retina para siempre, pero el tiempo dulcifica la gran mayoría de los problemas. Miro atrás y repaso todo lo que me ha podido marcar a lo largo de mis 28 años (que edad más bonita, ¿verdad?)y cada tropezón me ha hecho más fuerte, me ha enseñado algo.

Así que, pasado el dolor, cada bache supondrá un nuevo aprendizaje para ser más feliz y saber capear con mayor facilidad esta vida. Ya, ya sé que algunas veces da pereza mirar hacia delante, pero hay tanto esperándonos que merece la pena pararnos para asimilar lo que nos rodea.

31 de marzo de 2008

Cosas que hacen que la vida valga la pena

A veces no perdemos buscando la felicidad y somos tan imbéciles de pensar que la encontraremos en imposibles tan lejanos que se nos agota la vida esperándolos. A mi me gusta regodearme en ser feliz con mis pequeñas cosas cotidianas que me hacen sentirme tan llena y tan plena como para reconocer que merece la pena estar en este mundo, a veces tan puñeterito. Una vez, cuando estaba perdida en una maraña de inestabilidad le escribí a mi Antonia una lista de cosas que me hacen feliz y por algún motivo he querido recuperarla hoy, cogiendo prestado el título de una canción de Pasión Vega (es la banda sonora de una película de Ana Belén con el mismo nombre) y añadir nuevas pequeñas "felicidades" para compartirlas con vosotros. Tal vez a alguno os ayude para empezar a entender que nos regalan la vida para disfrutrarla con estas menudencias. Comencemos a disfrutar de lo simple:

Me hacen feliz:
- Mi sobrina: sobretodo cuando salta a mis brazos para decirme cuánto me quiere "te quiero como el universo" y sus ojitos brillantes cuando algo le hace ilusión; o cuando me aprieta la manita
-Decirles lo mucho que os quiero a la gente que me importa
-Ver feliz a esa misma gente
-Abrazar a mi hermana y tranquilizarla cuando se siente mal
-Ver reir a mi madre
-Ver a mi padre cuando tiene momentos buenos
-Escuchar a mis padres contando anécdotas de cuando eran jóvenes
-La cara de Cristóbal cuando me ve salir del portal (sobretodo cuando llevamos mucho tiempo sin vernos), verlo cuando estamos en un grupo para observar que no deja de contemplarme. Oir su voz por la noche, medio dormido.
- Charlar con mis amigos (con café, sin café, con cubata o o sin cubata)
- Una noche de marcha con las niñas (eso es perfecto)
- Ufff, encontrar el duende en una juerguecita flamenca con mis amigos
- Sentirme querida por mis compañeras de trabajo
- Reunirme con mis primas, a cuál más loca
-Estar en la playa, la sensación del agüita en los pies, un rato de toalla con las niñas (¡qué pedazo de plan!)
-Recordar a mis abuelas
-Acostarme recién duchada con las sábanas recién puestas
-La ducha de después del gimnasio
-El sol suave en la cara cuando paseo o voy en triciclo
-Arreglarme y pintarme para salir; y verme guapa en el espejo
- La Semana Santa (sin hospitalizaciones ¡por favor!)
-Un trocito de chocolate, o un helado...
-Darme cuenta de lo afortunada que soy y todo lo que tengo
-Bailar
-Leer tranquilamente (esto se está convirtiendo en un imposible)
-Ver cómo publican mis notas de prensa
- Pensar en todo lo bueno que está por venir

Podría hacer una lista interminable, definitivamente soy una mujer afortunada, me siento feliz

12 de marzo de 2008

Con la cera a punto

Quizás sea una tipa rara. Quizás soy tan barroca como la ciudad en la que vivo (aunque muchos, entre ellos yo misma, piensen que mi corazón es choquero) pero no puedo evitar sentir un bulli bulli por dentro cuando la Semana Santa se acerca y mis ojos se me siguen llenando de lágrimas, por algún extraño motivo en estas fechas.

Y digo lo de que soy una tipa rara porque mucha gente no me entiende, o les choca, que pueda enloquecer por ver un cuadro de Picasso pero también me pongan los pelos de punta ver el Gitano entrar en Campana o algo tan sutil como la manita de un nazareno pequeñito agarrada a la de su padre, su madre o quién sabe su tía.

Quizás sea cuestión de sensibilidad o a lo mejor de apreciar la belleza. También me saltan las lágrimas a los ojos ante un aterdecer.

Tengo la cera a punto y no precisamente porque vaya a quitarme la pelambre, si no para coger mi cirio el próximo Jueves Santo y hacer los mismos rituales de siempre, esos rituales tan íntimos que sólo un nazareno entiende.

Volveré a ceñirme el cíngulo a la cintura y tendré esa indescriptible sensación de estar conectando con mi Dios, como si el cíngulo fuera un cordón umbilical entre él o ella y yo.

De nuevo me sentiré anónima entre las masas de espectadores y tendré por delante muchas horas de silencio para dialogar e incluso pelear conmigo misma, conmigo y con él o ella.

En estos tiempos en los que la prisa se adueña de mi,detendré el reloj para caminar durante horas en esa eterna conversación con lo superior.

Y ese nazareno vestido de blanco y azul que camina con el cirio al cuadril, recubre a la misma persona que hacer yoga, baila salsa, se emocionó en el Museo de arte impresionista de París o escucha Fangoria. ¿Seré barroca?

A mi me da miedo la gente lineal, que no sabe coger lo mejor de cada esfera.

Este año la Semana Santa es especial para mi, tendré al suerte de verla por los ojos de un forastero,un forastero muy especial también; pero eso lo contaré otro día.